lunes, 15 de octubre de 2012

Agustinos de corazón, Katsumi Bani Abe


A título de luchar contra la corrupción, existen personas cuyo aparente afán de protagonismo los lleva a incurrir en actos de la más pura injusticia, sin darse cuenta del daño que causan con sus acciones, o ¿será que sí se dan cuenta?, de ser así, no sólo se trataría de un acto de injusticia, sino de una acción deliberada para causar daño, los autores de dichos actos lo sabrán y en su momento tendrán que responder por ellos.

Una nota sobre Katsumi Bani Abe

Llegué al curso algo turbado; aunque conocía a varios de los compañeros, era mi primer día con ese grupo de estudiantes, entre todos los rostros nuevos el del “japonés” llamaba la atención, no tanto por sus rasgos orientales, como por su extensa y permanente sonrisa, que reflejaba una felicidad inexplicable, además de una expresión de alegría, poco usual en personas caracterizadas por su seriedad (al menos desde nuestros preconceptos).  A pesar de haber llegado a Cochabamba desde Santa Cruz, hablaba tímidamente, con un acento influido por su lengua materna: el japonés, no obstante, tenía salidas jocosas que festejábamos con risas y una satisfacción de espíritu, puesto que sus bromas provocaban la risa principalmente por la ocurrencia ingeniosa que había tenido Katsumi.

Me acerqué a él, motivado por esa forma de relacionarse, carente de cualquier atisbo de conflicto, siempre con actitud respetuosa y con oídos atentos para lo que uno fuera a decirle o pedirle, pero además, en lo personal, me sentía motivado por aprender los caracteres de la escritura japonesa. Katsumi planteó de entrada y con mucha seriedad que él estaba dispuesto a enseñarme, pero no sólo como caracteres “utilizados” como lenguaje en clave, sino como aprendizaje formal del idioma en su totalidad; acepté en principio, sin embargo, pronto cometí un error y los caracteres aparecieron en mis cuadernos en la forma equivocada, Katsumi no me lo reprochó jamás, claro que, fiel a su principio de corrección y seriedad, hasta ahí llegó mi aprendizaje del idioma japonés, lo que me entristeció pero acepté mi error y sus consecuencias. A pesar de ello, seguimos siendo buenos amigos hasta el día de hoy.

Yá profesionales, lejos de los tiempos de adolescencia, nos volvimos a encontrar, me sorprendí muy gratamente al saber que había sido elegido Alcalde de San Juan de Yapacaní, conversamos ampliamente sobre las cosas que ocurrían en el país –y siguen ocurriendo –.

Al margen de todo el aspecto político, que, según creo, en sí mismo causa más problemas que los que soluciona, todo gobierno, ya sea estatal, departamental, municipal o cualquier otro nivel donde se asume liderazgo, el líder debe tener ante todo una fuerte vocación de servicio, y la acción principal en la que se debe concentrar su energía y esfuerzo es la Educación. Ésta fue una de las coincidencias que compartimos con Katsumi.

Según las noticias, recientes el Alcalde Katsumi Bani fue acusado por algunos concejales de haber comprado un microbús usado en el 2008, que servía para el beneficio de los estudiantes”, es decir, fue encarcelado por darle a los niños y jóvenes de su comunidad, la oportunidad de trasladarse cómodamente a sus actividades de formación, (antes los estudiantes se trasladaban en una volqueta de basura). Esta acción injusta cometida en contra de un servidor público ejemplar, es absolutamente reprochable, ya que se sacrifica el bien común, en este caso de la niñez y juventud, con una acción indigna e indignante.

La decisión del Honorable Alcalde de Yapacaní de dar a los estudiantes de su comunidad condiciones dignas para trasladarse a sus actividades de formación integral, es una acción que debe ser tomada como ejemplo por cualquier persona que ejerza funciones en el servicio público, pues aunque a algunos no les guste, esa es una actitud de verdadero servicio, lo otro, acusar, encarcelar y demás, es simplemente mezquindad, y no podemos darnos el lujo de tener autoridades mezquinas, más aún cuando se trata de apoyar a la educación.

El himno del Colegio San Agustín en una de sus estrofas dice:

            “[…] Juventud noble, sincera, sin desmayar
            por nuestra patria tenemos que luchar
            y orgullosos mañana construiremos
            en Bolivia una gran nación […]”

Katsumi Bani, ex alumno del colegio y hoy servidor público, encarna el "mañana" del himno en un presente de esperanza, construyendo día a día, la gran nación boliviana.

Querido Katsumi, va nuestra admiración y sobre todo, nuestro apoyo incondicional (desde la promoción SA-84) como amigo y hermano, sigue adelante con tu labor de Servidor Público (con mayúsculas). La comunidad de Yapacaní te ha demostrado su inmenso cariño, gratitud y apoyo, lo que realza nuestra opinión sobre ti, revelando que se puede transformar la sociedad en una sociedad de bien, con Educación.

Éste, querido amigo, es el fruto de tu gran labor, durante todos estos años, como Alcalde Honorable y Agustino de Corazón.